“Poéticamente, el hombre mora en esta tierra”
Heidegger
Tal vez ninguna otra palabra trae a la mente tantos y variados recuerdos como la palabra hogar, todos crecimos en alguno, todos construimos uno, todos añoramos uno, porque el hogar es sobre todo familia, incluso si se vive solo, ya que muchas de las cosas que aprendimos en nuestro hogar las llevamos consigo, desde fotos hasta costumbres.
Hemos hecho un ejercicio interesante en el barrio El Rosario en Bogotá, un barrio que inicia en 1910 con casas de adobe, como pequeñas granjas de principios del inicio de la Capital luego de un siglo de cruentas guerras desde la independencia hasta la consolidación de la República. Con ellos pudimos compartir como una gran familia con personas y personajes de varias generaciones un ejercicio de memoria colectiva.
Lo interesante de estos barrios, construidos con los esfuerzos y las manos de los habitantes es que se reconoce el valor del trabajo, nos contaron como se fueron haciendo cada una de las casas y los espacios, al construirlo fueron tejiendo comunidad, porque cada ladrillo puesto estaba unido a un esfuerzo colectivo que incluía no solo el urbanismo, se construía con un espacio para habitar en donde cada familia interactuaba con las demás creando lazos de solidaridad, lazos que sirvieron como apoyo en las dificultades pero también de aliento para los triunfos.
El hogar sirve para habitar y habitar es más que estar en un lugar, es sobre todo refugiarse, encontrar abrigo, tener donde descansar, tener con quien hablar y todo eso lo hacemos no solo en una casa o un apartamento, lo hacemos en sociedad y es acá donde encontramos un sentido a la vida.
Relatos unidos fue un gran laboratorio de cohesión social, de reencontrarse, de reinventarse y sobre todo de reconocer en los otros a nosotros mismos. De manera amena y desinteresada compartimos fotos, recuerdos, anécdotas, temores y sobre todo amor, fue un espacio para ver el hogar como un conjunto de vivencias, algunas más cercanas de lo que creíamos.
Este ejercicio me ha llevado a reflexionar sobre la importancia que tiene la memoria colectiva como elemento base de la construcción de la historia, incluso sirve para replantearnos lo que conocimos como historia en la escuela, acá pudimos conocer la historia a través de los recuerdos de sus habitantes, de una historia vivida, como pasado del verbo vivir, a una historia vívida como algo intenso, realista, claro.
También nos enfrentamos a una realidad, la del hogar como un lugar según la visión de los urbanistas para quienes el sector es una gran oportunidad para invertir, uno de los efectos del modelo económico que olvida a las personas y sobre todo a sus comunidades. Muchos temores tejieron los relatos de los habitantes del barrio, el temor de ser invisibilizados y convertirlos en víctimas de la renovación urbana, un fantasma que en varias ocasiones transitan sus calles disfrazados de arquitectos, ingenieros, topógrafos y comerciantes de la tierra, para quienes al parecer no existen las personas, para ellos no hay hogares, hay terrenos planos.
El arte tiene como objetivo principal conectar a las personas con sus emociones, fomentar la empatía y sobre todo visibilizar las realidades para comprenderlas, esto es lo que al final logra esta puesta en escena de Relatos Unidos, se logra, al menos por un momento, que las personas se encuentren y sobre todo encuentren sus raíces, especialmente en estos barrios construidos desde sus bases, posiblemente eso es lo que no se puede entender cuando alguien adquiere un apartamento, no lo entiende porque no lo construyó, solo lo pagó.
El barrio el Rosario tiene aún mucho por contar y contarse, al hacerlo les permite a otras comunidades tener un referente sobre la importancia que tiene la memoria colectiva para construir nuevos espacios, los mismos que se afianzan en el hogar.